Busco una musa

Por
Daniela

Busco una musa. La busco dentro de mí. Por eso los hombres con pincel o con guitarra me ponen nerviosa. Y, aunque aquella vez me enamoré de un matemático, nunca pensé convertirme en una nueva ecuación. Tal vez por eso no funcionamos; temía que la musa del matemático no fuera lo suficientemente colorida como para protagonizar la película.

Joven poeta, siéntate junto a mí. Igual y este tramo de metro es suficiente para encontrarme dentro de tu antología en unos años. Buscaré, entre tus letras, a una mujer de pelo chino. De sonrisa grande y mirada cálida. Buscaré unos zapatos chiquititos, el lunar que está abajo de mi boca, dos manos llenas de anillos. No podré buscar mi sentido del humor. Tampoco mi inteligencia. En abstracto, ¿será que todas nos parecemos más? No busco una musa. Busco un hombre que me convierta en una. Capaz de ver música en mi caminar o encontrar colores en mis pestañas negras.

Quiero ser la que inspire las cartas de amor más bonitas. O el mensaje de buenos días que, más que un mensaje, parece una declaración de algo más grande. De algo incontenible. Quiero ser escultura, o estrofa, o la vaga inspiración de una pieza de arte contemporáneo. ¿No se sostiene? Qué importa. El amor también es difícil de explicar. Sobre todo, quiero versos. No importa si es para convertirme en flores o en polvo. Aunque sean de desamor, quiero versos.

Llevo más de diez años buscando una musa en mí. Más de diez años sin encontrarme en ninguna parte. La sombra en la que viven las musas me aterra, aunque la persiga. Ser musa debe de ser un asunto de tiempo completo que francamente no tengo. Estoy demasiado ocupada haciendo versos. Y, pensándolo bien, ninguna foto me ha retratado tan bien como mi propio teclado. ¿Sabían que esos zapatos chiquititos caminan sin destino y con valentía? ¿Que bailan? ¿Que mi abuela tenía un lunar como el mío en el lado izquierdo de su boca? ¿Qué, de los anillos de mis manos, hay uno de espiral que es mi favorito?

Busco una musa. Una musa valiente que sea capaz de escribirse a sí misma. Busco una musa y me encuentro a mí.

Otras publicaciones

La magia es el lenguaje

La magia es el lenguaje

Por
Tammy

Por años nos hemos preguntado si la magia existe. Si es ciencia a medias, brujería o ficción. Lo que es cierto es que la magia es tan antigua como nuestra historia. Los alquimistas se parecen a los poetas más de lo que nos gusta aceptar.

Las niñas y las letras

Las niñas y las letras

Por
Equipo Contexto

Nuestras infancias son lejanas y distintas. Cada una creció en una ciudad diferente, con sabores y olores diferentes, con una familia diferente. No fue hasta hace cinco años que, en un edificio de ladrillos rojos, nos encontramos todas por un amor compartido: la palabra.

La maldición de la frase célebre

La maldición de la frase célebre

Por
Valeria

Cuando empecé a estudiar filosofía, ya tenía un filósofo favorito: Kierkegaard. Mi profesor de la preparatoria explicó su pensamiento de una forma tan bonita que decidí, a mis diecisiete, que ese era el bueno aunque no lo había leído jamás.