Los colores del lenguaje

Por
Sofía

En la tercera temporada de Mad Men, el affair en turno de Don Draper –Suzanne Farrell, la profesora de Sally– comenta que un niño de ocho años le preguntó durante clase de arte: ¿cómo sé si lo que yo veo como azul es igual a lo que ves tú? Y, a pesar de la escéptica respuesta de Don, es una escena que siempre me ha encantado. Lo que puede parecer una pregunta tierna es, en realidad, una pregunta que muchos niñes y adultes nos hemos hecho por generaciones.

Básicamente, Don responde que –por su línea de trabajo– sabe que hay al menos un 45% de la población que ve un mismo azul. O sea, que hay un consenso entre cierto porcentaje de la población de que cierta forma de luz tiene el mismo nombre. En la práctica, no hay otra cosa que sostenga la afirmación de que algo es azul más que la palabra de otres que acordaron llamarlo azul. Es un salto de fe en comunidad.

Las personas daltónicas, por ejemplo, están constantemente confiando en la palabra ajena para corroborar colores. No es que no vean los colores, sencillamente los tonos rojos, naranjas, cafés y verdes tienen una tonalidad muy similar entre ellos. La diferencia entre colores a veces es imperceptible. O eso me han contado. Aproximadamente, un 4% de la población mexicana es daltónica y la probabilidad de que conozcas a alguien con esta capacidad es alta. Y, en ese caso, es posible que esa persona se apoye en ti para nombrar colores.

Pero no poder percibir la diferencia entre ciertos colores o tonalidades, es una realidad para todes les habitantes de este planeta. A veces, varios colores son un mismo color. El pueblo bassa de Liberia sólo distingue dos colores: un color que abarca los colores cálidos (rojo, naranja y amarillo) llamado ziza y otro color que abraca las tonalidades frías (verde, azul y morado) con el nombre de hui. En maya, el verde y el azul se encuentran en una misma palabra: ya’ax. Se dice que solo las culturas de lengua europea o japonesa tienen siete nombres para los colores del arcoíris. Es decir, los colores no son los mismos para todes porque tenemos diferentes nombres para ellos.

Incluso hay personas llamadas tetracrómatas que tienen la capacidad de ver aún más colores. Ya que en lugar de tener tres colores primarios en su abanico de visión, tienen cuatro y las posibilidades de combinación se magnifican. Sin embargo, sin consenso ni lenguaje para nombrarlos sólo permanecen en la memoria del 2% de la población. Porque, al final, los colores no son más que lo que acordamos como sociedad que son. Y estas son sólo las palabras que aprendemos a muy temprana edad. El lenguaje moldea lo que percibimos desde el primer momento que empezamos a nombrar y, mientras crecemos, formamos ciudades enteras en nuestras mentes sólo con palabras. En una realidad en la que las letras dan la vuelta al mundo en cuestión de segundos, vale la pena preguntarnos constantemente si el azul que vemos en las pantallas es igual al que ven otres.

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